, Tercerización en Costa Rica y en el mundo

Tercerización en Costa Rica y en el mundo

Resulta curioso que si hago una búsqueda en internet sobre tercerización, aparecen varios resultados que señalan a Costa Rica como uno de los nichos preferidos por las empresas multinacionales para contratar servicios “outsourcing” en Latinoamérica y, sin embargo, no tenemos una legislación que regule este tipo de servicios.

La tercerización es un modelo según el cual una empresa deja de hacer algo que no le resulta esencial, o para lo que no es eficiente, y se lo encarga a otra empresa (un tercero) para que esta lo realice.

Se le reprocha ser un movimiento que surge bajo la coyuntura de la globalización, que responde a principios de liberalismo económico, y que trae consigo el desmejoramiento de los puestos de trabajo, así como de las condiciones laborales.

Sin embargo, desde el punto de vista económico/empresarial tiene todo el sentido del mundo. Responde al natural instinto de las empresas de maximizar sus recursos y sus ganancias.

Si yo como empresario soy muy eficiente en el giro principal de mi negocio, (editor y vendedor de libros) , pero no tan eficiente en el proceso de producción de los libros, (imprenta, encuadernación, empastado) encargo este último proceso a un tercero que lo hace más eficientemente que yo, y más barato.

Como se podrá dar cuenta el lector, esta fórmula da pie a muchos tipos de suspicacias, temores y prejuicios, algunos fundados, otros no. Sí, efectivamente la tercerización la utilizan ciertos empresarios para evitar la evidencia de contratos laborales con sus trabajadores, trasladando a un tercero aquellas obligaciones que por ley le corresponden a él como patrono.

En la legislación comparada y en la doctrina se encuentran requisitos para que la tercerización pueda ser presumida como legítima, y de esta manera se distinga claramente la responsabilidad de cada una de las partes en el negocio.

Así por ejemplo se dice que la parte del negocio que se “terceriza” no debe pertenecer al núcleo del negocio principal; que el tercero debe ser especializado; que el tercero trabaje con su propio capital; que el tercero haga el trabajo por su cuenta y riesgo; que el tercero tenga sus propias herramientas y equipo; que las tareas se realicen en el establecimiento del tercero; y, tal vez la más relevante desde el punto de vista de lo que distingue a una relación laboral: que el jefe sea el tercero.

Sin embargo en Costa Rica, aún sin una ley que la regule, la tercerización existe porque es un fenómeno económico independiente de las normas; no es raro, sino usual, que la realidad anteceda a las regulaciones, y este es solo otro caso de cómo la realidad social precisa de reglas claras. Hasta el día de hoy, nuestros Tribunales de Trabajo a falta de reglas nuevas y más desarrolladas, resuelven el tema de la responsabilidad patronal acudiendo a los conceptos de contratista y de intermediario, según se definen por el artículo 3 del Código de Trabajo.

La legitimidad de una tercerización en Costa Rica está determinada por estos dos conceptos: contratista e intermediario. Es legítima y perfecta, si el tercero es un contratista. Para nuestro medio, contratista es quien realiza el trabajo a cuenta y riesgo personal; quien trabaja con sus propios recursos, herramientas y máquinas; quien es autónomo y finalmente, quien es el jefe.

Al contrario, si un tercero contrata los servicios de otra u otras personas para que realicen determinado trabajo en beneficio de un patrono, y no ostentan los requisitos antes señalados que caracterizan al contratista, estamos en presencia de un intermediario.

La diferencia entre el intermediario y el contratista es que el primero comparte las responsabilidades laborales con el cliente o patrono solidariamente; mientras que un contratista es exclusivamente responsable del cumplimiento de las obligaciones atinentes al patrono.

Aquellos empresarios que han tercerizado alguna parte de su actividad encargándosela a un tercero que trabaja con capital del cliente, o que conservan la potestad de dirigir a los trabajadores del tercero, deben revisar su proceder si quieren evitar reclamaciones laborales de esos trabajadores. Por último, advertir que si el tercero es una empresa o sociedad que pertenece al mismo grupo de interés económico, difícilmente encuadrará dentro de la figura del contratista, a pesar que tenga uno o todos los requisitos que antes mencioné.

En resumen, sin que tengamos una regulación especial y actualizada sobre la tercerización, somos un país preferido en Latinoamérica para que otras empresas del mundo deleguen en manos de nuestros trabajadores parte de sus actividades de negocios.

Me preocupa que una regulación muy detallista, como esas que suelen salir de la Asamblea Legislativa, nos haga perder esa predilección entre muchos países de la región.

Si bien es cierto nuestras reglas actuales son algo añejas, me parece que son suficientemente claras y que todavía soportan algunos años más de vigencia.

Alfonso Carro
Asesor legal corporativo
CENTRAL LAW Costa Rica
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Ver enlace original aquí

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Cerrar