, La salud de los trabajadores

La salud de los trabajadores

Su salud fren­te a las en­fer­me­da­des o a in­va­li­dez pro­ve­nien­tes de en­fer­me­da­des, las cubre el se­gu­ro de Salud ad­mi­nis­tra­do por la Caja Cos­ta­rri­cen­se de Se­gu­ro So­cial. Este es el se­gu­ro que per­mi­te a los tra­ba­ja­do­res y sus fa­mi­lias re­ci­bir aten­ción mé­di­ca en las Clí­ni­cas, Ebais y Hos­pi­ta­les de la Caja, de forma gra­tui­ta. Este se­gu­ro está con­for­ma­do de ma­ne­ra so­li­da­ria por el apor­te que hacen los em­plea­do­res, los mis­mos tra­ba­ja­do­res y el Es­ta­do. La Caja ad­mi­nis­tra tam­bién otros se­gu­ros, que nos pro­te­gen de la in­va­li­dez, de la vejez y no exac­ta­men­te de la muer­te, pero pro­veen a los fa­mi­lia­res de cier­tos be­ne­fi­cios cuan­do inevi­ta­ble­men­te fa­lle­ce­mos.

Por otro lado, los tra­ba­ja­do­res es­ta­mos pro­te­gi­dos por otro se­gu­ro fren­te a los ries­gos o en­fer­me­da­des que oca­sio­na el tra­ba­jo (RT). Al igual que se hace con la Caja Cos­ta­rri­cen­se de Se­gu­ro So­cial, cada pa­trono debe en­viar un lis­ta­do con los nom­bres de las per­so­nas tra­ba­ja­do­ras que com­po­nen su pla­ni­lla del mes, y re­por­tar sus sa­la­rios al Ins­ti­tu­to Na­cio­nal de Se­gu­ros (INS).

Estas pla­ni­llas per­mi­ten al ente ase­gu­ra­dor cal­cu­lar las pri­mas de la pó­li­za de ries­gos del tra­ba­jo que cada em­pre­sa, ne­go­cio, es­ta­ble­ci­mien­to o in­dus­tria debe can­ce­lar para que la pó­li­za cubra a sus em­plea­dos de los in­for­tu­nios del tra­ba­jo, o con oca­sión del tra­ba­jo.

Las di­fe­ren­cias entre uno y otro se­gu­ro son va­rias, pero esen­cial­men­te los di­fe­ren­cia el ori­gen del ries­go que pro­te­gen. De hecho el Re­gla­men­to del Se­gu­ro de Salud por ex­clu­sión de­ter­mi­na que cubre toda en­fer­me­dad no ori­gi­na­da en ries­go de tra­ba­jo o ac­ci­den­te de trán­si­to.

Todos los cos­ta­rri­cen­ses, sea­mos o no tra­ba­ja­do­res, es­ta­mos ex­pues­tos a en­fer­me­da­des, de ahí la so­li­da­ri­dad con que se han for­mu­la­do los se­gu­ros de salud, en donde par­ti­ci­pan, como se dijo, em­plea­do­res, tra­ba­ja­do­res y el Es­ta­do.

Sin em­bar­go, los ries­gos del tra­ba­jo sur­gen, pre­ci­sa­men­te, por­que un em­plea­dor de­ci­de con­tra­tar mano de obra para po­ner­la al ser­vi­cio de una ex­plo­ta­ción, ne­go­cio co­mer­cial, o in­dus­tria. En estos casos, se dice que quien crea el ries­go es pre­ci­sa­men­te el em­plea­dor, y por lo tanto, es él quien debe co­rrer con los cos­tos de la pro­tec­ción de sus tra­ba­ja­do­res.

El se­gu­ro con­tra ries­gos del tra­ba­jo es cos­tea­do en­te­ra­men­te por el em­plea­dor, y hasta hoy, estos se­gu­ros son ad­mi­nis­tra­dos ex­clu­si­va­men­te por el INS.

La co­ber­tu­ra de ambos se­gu­ros es di­ver­sa, y en al­gu­nas oca­sio­nes se com­ple­men­tan. El se­gu­ro de la Caja le otor­ga al tra­ba­ja­dor un sub­si­dio –que es muy di­fe­ren­te de sa­la­rio-, a par­tir del ter­cer día de la in­ca­pa­ci­dad; mien­tras que el se­gu­ro del INS cubre en prin­ci­pio a par­tir del pri­mer día de la in­ca­pa­ci­dad.

En el caso de la Caja el sub­si­dio asis­ten­cial es de un 50% del sa­la­rio re­por­ta­do por el em­plea­dor en la pla­ni­lla, y en el caso del INS es de un 60%. Lo que per­ci­ben los tra­ba­ja­do­res in­ca­pa­ci­ta­dos no es sa­la­rio, por­que el con­tra­to de tra­ba­jo se en­cuen­tra sus­pen­di­do por la im­po­si­bi­li­dad de pres­tar el ser­vi­cio con­tra­ta­do.

En todo caso, hay un ele­men­to di­fe­ren­cia­dor de que pocas veces se habla, y aun­que no co­noz­co fun­da­da­men­te su causa, es per­cep­ti­ble para quie­nes aten­de­mos pro­fe­sio­nal­men­te unos y otros casos.

El se­gu­ro de salud es ad­mi­nis­tra­do por la Caja de ma­ne­ra más laxa que como lo hace el INS con el se­gu­ro de ries­gos del tra­ba­jo.

Las in­ca­pa­ci­da­des otor­ga­das por la Caja mu­chas veces se ex­tien­den in­de­fi­ni­da­men­te y, ade­más, es más fácil ob­te­ner­las.

Por otro lado, el INS man­tie­ne cri­te­rios más res­trin­gi­dos para el re­co­no­ci­mien­to de in­ca­pa­ci­da­des tem­po­ra­les y per­ma­nen­tes. No po­de­mos per­der de vista que el INS ad­mi­nis­tra hoy un ne­go­cio, mien­tras que la Caja no.

Los se­gu­ros de ries­gos del tra­ba­jo pron­to po­drán ser ad­mi­nis­tra­dos por ope­ra­do­res pri­va­dos en com­pe­ten­cia con el INS, y muy se­gu­ra­men­te, la com­pe­ten­cia pri­va­da, hará que los re­cla­mos con­tra las pó­li­zas de RT sean to­da­vía más di­fí­ci­les de pros­pe­rar.

En el otro ex­tre­mo, en­con­tra­mos los cri­te­rios ju­ris­pru­den­cia­les de la Sala Se­gun­da de la Corte Su­pre­ma de Jus­ti­cia, que cons­tan­te­men­te re­vier­ten las de­ci­sio­nes ad­mi­nis­tra­ti­vas del INS…Es una ten­sión dia­ria.

Por un lado, el INS re­cha­zan­do re­cla­mos, por el otro, los Tri­bu­na­les de Tra­ba­jo dando la razón a los tra­ba­ja­do­res. El año pa­sa­do fui­mos tes­ti­gos de una de­ci­sión fun­da­men­tal en ma­te­ria de ries­gos del tra­ba­jo: un pin­tor oca­sio­nal mien­tras rea­li­za­ba unos tra­ba­jos en una casa de ha­bi­ta­ción su­frió un ries­go sin tener pó­li­za. El re­sul­ta­do, una in­dem­ni­za­ción mi­llo­na­ria a cargo de los due­ños de la casa de ha­bi­ta­ción. De ahí en ade­lan­te nadie de­be­ría arries­gar­se a no con­tra­tar una pó­li­za con el INS, aun cuan­do los tra­ba­jos con­tra­ta­dos sean es­po­rá­di­cos.

Esto me hace pen­sar que los re­cla­mos ju­di­cia­les por ries­gos del tra­ba­jo se van a ver in­cre­men­ta­dos de ma­ne­ra im­por­tan­te. Ya de por sí son mu­chos, y su trá­mi­te es un cal­va­rio para los per­ju­di­ca­dos con este tipo de in­for­tu­nios.

Urge que la re­for­ma pro­ce­sal la­bo­ral, to­da­vía hoy en es­tu­dio de la Asam­blea Le­gis­la­ti­va, ter­mi­ne de ser ne­go­cia­da por los sec­to­res so­cia­les.

La salud y vida de los tra­ba­ja­do­res de este país están bien pro­te­gi­das. Hace falta, eso sí, pro­ce­sos más ex­pe­di­tos y menos for­ma­lis­tas. Esto sin duda ayu­da­rá a que esa ten­sión entre los cri­te­rios ad­mi­nis­tra­ti­vos del INS y ju­ris­pru­den­cia­les de la Corte Su­pre­ma de Jus­ti­cia se dis­mi­nu­ya, en be­ne­fi­cio de quie­nes tie­nen que en­fren­tar las se­cue­las tem­po­ra­les o per­ma­nen­tes de un ac­ci­den­te del tra­ba­jo.

Alfonso Carro
CENTRAL LAW Costa Rica

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