, El por qué del BREXIT y sus consecuencias (I Parte)

El por qué del BREXIT y sus consecuencias (I Parte)

Era de esperarse. ¡A uno no lo pueden tener obligado donde no quiere estar o no quieren que esté! Llegó la hora. ¿Con quién estás: con el “leave” (abandonar) o con el “remain” (quedarse)? Esa es la gran pregunta que se hacían los ingleses: abandonar la Unión Europea o quedarse. De nuevo en la historia de Gran Bretaña, William Shakespeare presente: ¿ser o no ser? (to be or no to be). Y resultó NOT TO BE. El 52,1% habló y dijo: “Adiós, no más Unión Europea”.

Se dio el BREXIT, que es algo más que la salida (exit) de los británicos (British) de la Unión Europea. Gran Bretaña es un país hooligan: “Si tiene que quemar la casa y los muebles, aunque se queme, lo hace”. Pero lo hace con honor y clase.

En todos los años que el imperio inglés dominó el mundo, en la etapa de descolonización nunca se vio la bandera de Inglaterra quemada o mancillada. Al contrario, siempre se bajó del asta con honor y respeto en Israel, India, África, Australia, etc.

Hoy, con honores también será bajada la bandera inglesa de la Unión Europea en Bruselas.

Hace algunos años, estando en Trinidad y Tobago, un profesor retirado de Oxford, que me honró con su amistad, me manifestó al cierre de una exquisita conversación: ”Embajador: ¡con los ingleses no se juega! Cuando decidimos algo, luchamos por eso, y no es un pueblo que cambie de posición u opinión fácilmente”.

Y así fue. Fueron años dando el campanazo a las autoridades de la Unión Europea y sus líderes: mucha burocracia, gastos desmedidos, contribuciones muy altas para ciertos países y muy bajas para otros, un parlamento europeo entrabado, un liderazgo de Alemania y Francia complicado, economías que tenían que ajustarse y no lo hicieron, un proceso migratorio abierto y desigual, el manejo de la crisis de Grecia, el apoyo a Portugal y España. Fueron muchas las razones que tenía Inglaterra para salirse de una asociación en la que no los veían bien, ni les entendían o le daban espacio para sus propuestas. Pero, sobre todo, el procedimiento y acuerdo del proyecto de constitución europea, en que los socialistas europeos transformaban instituciones liberales, republicanas, que han sobrevivido al paso de los tiempos, en otras con un enfoque comunitario y socialista.

Los que están a favor del BREXIT han alegado que Bruselas tiene mucho control e influencia en los estados que integran la unión y que han perdido soberanía. Otra fundamental razón es que han tenido que poner mucho dinero en el rescate de otros miembros, además de la situación de los refugiados. Se calcula que Reino Unido habría seguido recibiendo 250 mil emigrantes en los próximos años de haberse quedado en la unión. Se alega, de parte de los perdedores, que el mayor problema es la inmigración ilegal.

Los que estuvieron en contra de la salida, incluyendo el primer ministro Cameron (del partido conservador), que hoy presentó su renuncia por su equivocada decisión política, manifiestan que si salen podría aumentar el riesgo de una guerra, y que el Reino Unido no sería tan unido al resquebrajarse en algunos de sus territorios, como Escocia e Irlanda del Norte.

Lo cierto es que las encuestas no se equivocaron. Lo que tenemos que saber es cuáles son las consecuencias de tal decisión para el mundo, Europa, los países centroamericanos y, en particular, Costa Rica y la propia Inglaterra.

La primera de ellas está pasando: todas las bolsas del mundo sufriendo una estrepitosa caída. Además, la libra esterlina está perdiendo valor. Esto es bueno para las exportaciones, pero malo para el pueblo. Asimismo, siendo una economía tan dependiente de sus socios europeos, tendrá que enfrentar serios problemas al salirse del libre mercado y volver a un sistema de aranceles. La libra esterlina llegó a niveles de 1985 (retrocedió en valor 31 años). Indudablemente es un golpe muy fuerte a su moneda y a la economía, con un impacto inmediato en su balanza comercial y, de persistir, tendrá un efecto muy negativo al perder competitividad.

Ya tuvo que salir el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra al rescate de Reino Unido con 380 millones de euros para mantener en funcionamiento el mercado y las entidades financieras, después del terremoto bursátil y mientras dure la transición.

China ha puesto un programa de contingencia en operación. México se adelantó y puso en ejecución hoy mismo un programa de ahorro y contención del gasto de 1 700 millones de dólares por la crisis bursátil que se nos viene.

La propia economía inglesa tendrá una caída estimada del 2% al 7% del PIB. Se quedarán sin sus socios europeos, con los que tendrá que redefinir mecanismos comerciales, migratorios, financieros, etc. Esto llevará tiempo en su negociación y ejecución, lo que hará que la situación pase por un periodo muy, pero muy difícil. Su turismo incrementará por lo caro que se pondrá el país, pero sus políticas restrictivas en migración impedirán gran afluencia de turistas.

Lo más impactante no es el resultado, sino el tiempo que llevará implementar la decisión. El artículo 50 del tratado de Lisboa establece un término de 2 años para pulsar el botón de salida.

Como consecuencia de la crisis que viene hay un alto riesgo de que no solo Reino Unido, sino toda Europa entre en recesión (la mayoría de los analistas serios coinciden en ello). Si eso sucede, el problema es cuánto tiempo durará con economías en recuperación como la española y la italiana. La griega no cuenta: será devastada.

El asunto es sumamente complejo: ¿qué pasará con los ciudadanos europeos residentes en Reino Unido y viceversa? ¿Qué pasará con las empresas que se ubicaron en Gran Bretaña? ¿Y las inglesas que dan servicios en los países de la unión? ¿Y el flujo de personas y bienes? Hay 1,2 millones de británicos viviendo en la UE, solo en España alrededor de 700 mil.

¿Serán suficientes dos años para que nuevos convenios comerciales y migratorios se negocien, acuerden y se aprueben en parlamentos? Además, durante todo ese tiempo el factor incertidumbre hará que los mercados globales sean muy inestables y se necesitarán millones de euros para mantenerlos a flote.

¿Y qué pasará con los reglamentos de seguridad social? La UE permite que se cotice para la pensión. ¿Perderán los trabajadores su cotización y el derecho a la prestación social por hacer cotizado en Gran Bretaña o en otro estado?

En términos económicos, la Unión Europea dejará de recibir 1 000 millones de euros de Reino Unido. La pregunta es: ¿quién los va a suplir? ¿Cómo van a cubrir ese hueco? ¿Los otros miembros de la unión? ¿Podrá caer sobre la espalda de los franceses o alemanes, que ya están cansados y agotados por las altas sumas entregadas?

Hoy más que nunca van a recordar los europeos a Winston Churchill, el gran león británico, quien en 1946, en su discurso de Zúrich, abogó para que Europa tuviera una unión federal, al estilo estadounidense, manifestando que los británicos lo apoyarían. Sin embargo, también dijo: “Estamos con vosotros, pero NO somos de los vuestros”. Los europeos no lo entendieron, como en muchas otras cosas no se entienden entre sí.

La situación de crisis europea, la crisis del euro, la disminución de soberanía, las relaciones con Estados Unidos e Inglaterra, la forma de ver las relaciones internaciones de los laboristas centrales (como el caso de las bases estadounidenses en países europeos), el conservadurismo de las zonas rurales…todo eso dio pie a la salida. No es un asunto generacional. No es solo el problema migratorio. El asunto es más complejo. 

Después de la Unión de Maastricht, acuerdo fundacional de la Unión Europea, firmado el 7 de febrero de 1992, pasaron 24 años para que los ingleses definieran si serían “primus interpares” o “león solo”.  Como decimos por estos lares: “El buen toro se lame solo”.

La Europa de hoy es el producto de la hegemonía inglesa, que se impuso en Europa, pero que los europeístas franceses, alemanes y demás no comparten y hasta ahora se dan cuenta. Por ello, cuando se estuvo negociando entre el primer ministro Cameron y el presidente de la UE para impedir su salida, este tuvo que aceptar lo impuesto por Inglaterra, como la limitación a la movilidad laboral, competitividad, soberanía, gobernanza económica y su divisa.

Empero, la suerte estaba echada: Gran Bretaña  no quiere, y nunca aceptará que exista un sistema de unión política europea y de control bancario europeo.

Continuará…

Leer segunda parte

Carlos Echeverría
CENTRAL LAW Costa Rica

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